El impactante caso de ‘la trituradora de bebés’ de México

En 1910, una mujer de origen veracruzano llamada Felícitas Sánchez Aguillón, se mudó a la Ciudad de México, donde se instaló en la Colonia Roma y comenzó a ejercer su profesión como enfermera y partera. Sin embargo no pasó mucho tiempo para que ésta comenzara a realizar abortos clandestinos entre sus clientes.

La fama de Felícitas pronto se extendió entre féminas que deseaban abortar o librarse de sus hijos, lamentablemente la dama acudía a crueles métodos para deshacerse de los menores.



Desde su infancia Sánchez había sufrido maltrato psicológico y falta de amor por parte de su madre, lo que le llevó a crearse un carácter duro y un odio por la vida; torturaba y mataba animales, importándole poco la vida de estos.

A pesar de esto, en la década de 1900 estudió la carrera de enfermería y se casó con Carlos Conde con quien procreo a dos niñas gemelas. La pobreza de aquel tiempo, los llevó a la decisión de vender a las niñas o entregarlas en adopción. A la madre poco le importó, pero Carlos se arrepintió tiempo después, hecho que lo llevó a divorciarse de su esposa.

Después de la separación con Conde, la mujer se traslado a la Ciudad de México, donde comenzó su ola de crueldad contra seres indefensos.



El destino de los niños que quedaban a manos de Sánchez, después de ser desechados por sus madres en ocasiones era ser vendidos de manera ilegal o regalados, pero cuando la partera no conseguía esto, optaba por matarlos de maneras inhumanas.

Entre los procedimientos que utilizaba estaba el envenenarlos, estrangularlos, descuartizarlos y quemarlos vivos en agua hirviendo. Para deshacerse de los restos los arrojaba por las alcantarillas, ayudada por un plomero y su segundo esposo, quienes se encargaba de que los cuerpos no taparan las tuberías y así no causar sospechas.



En más de una ocasión fue arrestada por adopción ilegal, sin embargo al poco tiempo salía libre para continuar con sus crímenes. Fue hasta el 8 de abril de 1941 que después de que los vecinos y dueños del edificio donde vivía Aguillón, se percataron de que había algo extraño en los conductos del agua.



Después de descubrir el horror y tras investigaciones, Felícitas al igual que sus cómplices fueron arrestados, acusados aproximadamente por 50 homicidios. Antes de ser llevada a juicio, la asesina prefirió quitarse la vida el 16 de julio.



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