Por esta razón entramos en pánico al hablar frente a mucha gente

Una reacción que data de hace miles de años
Si nunca te has puesto de pie frente a una gran multitud, sin importar el lugar, situación y la razón, jamás has vivido una de las experiencias más incómodas que cualquiera pueda experimentar.

Casi puedo decirlo con seguridad que, en efecto, nadie ha pasado por alto sentir un gran nerviosismo al hablar frente a mucha gente; ya sea en una exposición escolar o durante una presentación artística, situaciones que pueden variar y, sin embargo, todas llevan a una sensación incómoda.

El nerviosismo al hablar en público se describe por la aceleración del pulso cardiaco, tartamudeos, sudoración, temblores, cosquillas en el estómago, entre otras cosas que al combinarse te hacen sentir de lo peor.

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La razón por la que nos sentimos de esa manera es muy natural y data de hace miles de años, remontándonos a nuestros antepasados, cuando la exploración era su actividad principal. Las estepas africanas eran uno de sus tantos destinos y justo allí conoció la reacción de lucha o huida.

Dicha reacción es básicamente un reflejo que te dicta enfrentar la situación, en aquel caso a un animal salvaje, como un león, o huir, ambas reacciones por la supervivencia. En cualquiera de los casos la adrenalina estará a tu favor.

Cuando nos sentimos amenazados, la amígdala central de nuestro cerebro, repartida en los dos hemisferios y la cual se encarga de nuestras emociones, envía una señal a las cápsulas adrenales para que generen adrenalina, hormona que provocará reacciones similares a las descritas cuando nos sentimos nerviosos.

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Lo curioso es que sentirse amenazado por un animal salvaje o sentir nerviosismo por hablar frente al público no parece tener relación alguna. No obstante, y aunque no lo creas, hay un

par de cosas que podrían explicar porque reaccionamos de la misma manera ante tales situaciones.

La primera de ellas, que al sentir una gran atención sobre nosotros nos sentimos como si el león nos estuviera imaginando como su cena. Otra explicación es que, al combinarse este impulso primitivo con otros, como la ansiedad, nos llega a confundir.

Sin embargo, así como nuestros antepasados supieron afrontar el peligro para asentarse en lugares antes desconocidos, nosotros podemos hacer frente al nerviosismo de hablar frente al público con un poco de valor, ¿verdad, Michael Bay?

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