Love Island, el reality show del momento

Programas de reality hay muchos, pero hay de competiciones a competiciones. Algunos son de pruebas de talento y otros son de destreza, unas cuantos exponen la vida ‘real’ de sus protagonistas y otros juegan con sus conceptos, encontrar a la siguiente gran ‘voz’ o a la siguiente ‘supermodelo’, por ejemplo.

Pero otros tantos simplemente destacan por la extraña premisa sobre la que se construyen y la más extraña dinámica de competencia que proponen.

Entre ellos está Love Island, un reality en el que celebridades solteras pasan cinco semanas en una isla.



Esto de ‘celebridades’ sólo duró una temporada, tal vez porque los productores se dieron cuenta que a la gente no le interesaba saber qué hacían las estrellas por el mero hecho de ser ‘famosas’, sino que lo que querían ver eran los amoríos, engaños, estrategias, romances y choques entre personas.

La segunda temporada se estrenó en 2006 y después el show murió. No para siempre, porque en 2015, casi diez años después, al concepto se le dio una segunda vida y una más alocada que nunca.



Los televidentes votan por la pareja que les gustaría ver en la "choza de amor", donde los dos elegidos se ‘conocerán mejor’. Además, los concursantes, cada semana, votan por quién sale de la isla.

Drama, drama, drama y tal vez un poco de más drama. Esa es la esencia de la competencia. ¿Podrá alguien de verdad encontrar el verdadero amor? ¿Estará alguien interesado en hacerlo? ¿Suena como el paraíso perfecto que todos sueñan pero al que pocos pueden acceder? Por cierto que a partir de la segunda temporada se determinó que los concursantes limpiaran y cocinaran por sí mismos, con eso de que sonaba que los organizadores básicamente nada más les estaban pagando unas vacaciones por no hacer nada.



Primero criticado por su parecido con Big Brother, después por la falta de ‘celebridades’ a pesar de prometer grandes nombres en sus promos y luego por su intento desesperado de subir raitings, invitando a convivir con los concursantes, pero sin participar para ganar, a personalidades como Denis Rodman o Steve-O.

A pesar de que se le tachó de ser vacío y sin sentido, y a pesar de tener el mismo formato que muchos otros programas similares, el show revivió en 2015, para sorpresa de todos. Hasta ahora van tres temporadas y se transmite la cuarta.



Para darle un poco más de ‘sabor’, entiéndase ‘drama’, no sólo ya no se incluyen a ‘celebridades’, sino que cada participante debe forzosamente aliarse con alguien más, hacer pareja, ya sea una relación amorosa, de amistad o por pura estrategia, y cada cierto tiempo tienen la oportunidad de elegir cambiar de pareja, el que quede solo es eliminado y además hay votaciones regulares por parte del público para sacar a alguien de la isla.



No es un show sólo para seguir la rutina de vida de alguien, pero tampoco es un programa sólo sobre parejas que se enamoran, como tampoco es sólo un show sobre estrategia de supervivencia. Es un reality sobre todo lo anterior. ¿Por qué es tan llamativo? Tal vez porque a la gente le interesa ver cómo las personas sobreviven a las pruebas, cumplen sus misiones y participan en una competencia en la que comparten con desconocidos, como lo son muchos otros programas de concursos. Aunque en realidad es para ver cómo y hasta qué nivel alguien apuñala a otro por la espada, claro, metafóricamente hablando, con tal de ganar en una ruleta del amor en la que las personas que concursan se la pasan en traje de baño. ¿O no?

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