Adolfo Constanzo: Narcosatánico y asesino

La brujería es real, chavos
Si alguna vez haz caminado por el centro de tu ciudad y pasaste por una tienda de santería y juzgaste que las personas que creen en esas cosas están locas o si crees que los que veneran a la Santa Muerte pertenecen a una secta que asesina personas en nombre de su deidad, entonces te gustará saber que hay personas así han existido en la actualidad, ese fue el caso de Adolfo de Jesús Constanzo, mejor conocido como 'El Padrino'.



Constanzo nació en Miami, Florida en 1962, hijo de una inmigrante Cubana que lo crió como católico pero aun así fue expuesto a religiones sincréticas como la Santería y el Vudú de Haití. En su infancia, su familia se mudó a Puerto Rico, lugar en dónde aprendió de un chamán local la religión conocida como Palo, en la cual se practicaban sacrificios humanos.



Cuando Constanzo era un adulto joven, se mudó a la Ciudad de México, en donde reclutó a varios seguidores y pronto se convirtió en una figura esotérica y un chamán, ofreciendo hechizos de protección así como ofrendas para atraer dinero, éxito o protección. Con el paso de los meses conoció a personajes importantes dentro de la policía y la política, así como altos mandos dentro del crimen organizado, por lo que comenzó a ser un narcotraficante.

Fue en la capital en donde comenzaron sus primeros sacrificios humanos, sin embargo por falta de espacio, decidieron reubicarse en Matamoros, Tamaulipas, y usaron un rancho remoto conocido como Santa Elena. En ese lugar siguió realizando sacrificios humanos en donde sus víctimas eran desde personas inocentes, enemigos del culto o también otros traficantes de menor rango. Además, debido a la proximidad con la frontera, su involucramiento con el narcomenudeo aumentó.

En Matamoros fue donde Constanzo reclutó a Sara Aldrete, una joven mujer mexicana que había vivido mucho tiempo en Texas y pronto se hicieron amantes y ella legó a ser la principal reclutadora y segunda al mando, ganándose el apodo de La Madrina. Juntos continuaron secuestrando, torturando y asesinando a personas para luego usar algunos de sus restos en algo que denominaron nganga, palabra africana para describir un calderón de hierro en el que se mezclan ciertos ingredientes para usos mágicos; las partes no requeridas eran enterradas alrededor del rancho.



No fue hasta 1989 cuando Constanzo ordenó especificamente a un para ser sacrificado y sus secuaces secuestraron a un vacacionista universitario de 21 años llamado Mark Kilroy quien estaba en Matamoros celebrando el 'spring break'. Los amigos de Kilroy fueron rápidos en denunciar su desaparición y el hecho de que uno de los tíos de la víctima era un funcionario en el servicio de aduanas de los Estados Unidos ayudó a que la investigación fuera rápida y ganara atención mediática.



Luego de aproximadamente 20 días después de su desaparición, las autoridades colocaron un retén en una carretera que conectaba Matamoros y Reynosa, y los oficiales se percataron de que un vehículo no se detuvo y decidieron seguirlo. Tras unos minutos llegaron a Santa Elena y esperaron a que el hombre a quien siguieron se retirara. Una vez dentro del rancho encontraron evidencias que sugerían un culto religioso y rastros de marihuana, por lo que decidieron organizar una redada.



Las autoridades encontraron restos humanos alrededor del rancho, incluyendo el cadáver mutilado de Kilroy por lo que arrestaron a varios sospechosos, quienes confesaron las actividades ilegales del culto. Constanzo, Aldrete y varios seguidores más huyeron hacia la Ciudad de México, en donde el líder murió luego de abrir fuego a unos oficiales de policía que visitaron el complejo departamental porque alguien reportó una pelea ajena a él.



Durante el enfrentamiento entre la secta y los oficiales, Constanzo le ordenó a uno de sus seguidores que lo matara antes de que fuera arrestado y así fue. Aldrete y otras 15 personas fueron arrestadas, enjuiciadas y encarceladas. El caso obtuvo gran cobertura mediática y fue la prensa quien los bautizó como Los narcosatánicos, nombre con el que se les conoce hasta el día de hoy.

Aldrete actualmente está prisión luego de haber sido condenada a 64 años tras las rejas; su sentencia la está cumpliendo en el penal de Santa Martha Acatitla, lugar en donde también está recluida Juana Barraza Samperino, también conocida como La mataiejitas.



Hoy en día los crímenes de Constanzo y Aldrete son recordados con infamia pero también con curiosidad y aún son leyendas en la cultura popular mexicana. Entre los creyentes de la santería y el ocultismo, la secta de liderada por Adolfo es conmemorada como una gran influencia, independientemente de las actividades criminales en las que participó.

Tags: AY NANITA crimen México