Alfredo Ballí Treviño, la inspiración de Hannibal Lecter

Los mexicanos siempre dejando huella en las artes
Si no conoces el nombre de Hannibal Lecter, por lo menos has visto la imagen del actor Anthony Hopkins usando un bozal, atado a una montadura mientras usaba una camisa de fuerza sobre su traje naranja de prisión. Ese personaje tan macabro, el cual es considerado como uno de los mejores villanos de la historia del cine, fue inspirado por un mexicano: Alfredo Ballí Treviño.



Thomas Harris, autor de las novelas en las que se basaron para hacer las películas en donde aparece Hannibal Lecter, duró décadas sin revelar detalles sobre la concepción del villano caníbal, hasta que en 2013, por motivo del vigésimo quinto aniversario de su novela El Silencio de los Inocentes, la cual se convirtió en la base para la película del mismo nombre, el autor reveló que a principios de los años sesenta entrevistó a un tal Dr. Salazar en una prisión en Monterrey, Nuevo León, sin saber que en realidad era un asesino y quien sirvió como inspiración principal para el doctor Lecter.



Alfredo Ballí Treviño era un doctor que contaba con su propio consultorio médico y el ocho de octubre de 1959, el doctor de 28 años asesinó a su pareja sentimental, Jesús Castillo Rangel, quien también se dedicaba a la medicina, tras una fuerte discusión. Treviño le cortó la garganta con un bisturí tras haberlo inmovilizado y sedado y procedió a desangrarlo y descuartizarlo y terminó poniendo sus restos en una caja.



El doctor enterró los restos de su amante en una tumba poco profunda cerca de Guadalupe, Nuevo León y cuando fueron descubiertos días después, fue sólo cuestión de tiempo para que él fuera arrestado y encarcelado por su crimen.

En 1963, con apenas 22 años, Sam Harris viajó a Monterrey con el fin de entrevistar a Dykes Askew Simmons, un hombre estadounidense que había asesinado a tres personas y que estaba encerrado en la misma prisión que Treviño. Previo a la llegada de Harris, Simmons trató de escapar y fue herido con una bala por uno de los guardias, por lo que no pudo ser entrevistado, sin embargo, Sam terminó hablando con Treviño porque pensó que era el doctor de la prisión y no un reo.



Durante la conversación, Harris notó que Treviño tenía ademanes educados y una manera peculiar de hablar, por lo que él no sospechó en lo más mínimo que se trataba de un asesino. Cuando un guardia le notificó al reportero que era hora de retirarse, él le preguntó cuanto tiempo llevaba Treviño siendo el doctor del lugar y el empleado de la prisión le informó que se trataba de un reo y que los demás prisioneros iban con él por que lo consideraban un buen médico.



En 1981, Harris publicó la novela El dragón rojo, en donde el doctor Hannibal Lecter, un sociopata caníbal, hizo su debut. En 1988, publicó la secuela, El silencio de los inocentes, la cual fue adaptada en 1991 y se convirtió en un éxito comercial y con la crítica, llegando a ganar 5 óscares el año siguiente.



Treviño fue liberado a principios de los años ochenta, a pesar de que su sentencia inicial fue de cadena perpetua, y falleció en 2009, sin saber que él fue la inspiración para uno de los villanos más reconocidos del séptimo arte.
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