Elisa Izquierdo: Un homicidio que pudo ser prevenido

Todo el maldito sistema está mal
En 1995, el asesinado de Elisa Izquierdo, una niña de 6 años, causó indignación internacional y la conmoción empeoró cuando se reveló que en numerosas instancias las autoridades pudieron haber intervenido para evitar su trágica muerte a manos de su propia madre.



Elisa Izquierdo nació el 11 de febrero de 1989 en Nueva York, Estaods Unidos. Su padre, Gustavo Izquierd era un inmigrante cubano y madre, Awilda Lopez, era una puertorriqueña residiendo en Brooklyn, quien era una adicta a la cocaína y su consumo de narcóticos provocó que Elisa naciera siendo adicta a la sustancia y eso le bastó a su padre para que el Estado le concediera la custodia completa de su hija.



Cuando Elisa inició preescolar, su madre logró que una trabajadora social dictaminara que ella había superado su adicción a las drogas y llevaba una vida estable, lo que le consiguió visitas sin supervisión de su hija. A partir de esta visitas, Elisa comenzó a sufrir maltrato físico, sexual y psicológico de su propia madre y de su padrastro, acciones que su padre y el personal de la escuela de la pequeña denunciaron, sin embargo su madre no perdió los derechos de visita, sólo recibió una advertencia.



El 26 de mayo de 1994, Gustavo Izquierdo falleció de complicaciones respiratorias causadas por cáncer en un pulmón. A pesar de los esfuerzos de los familiares de Gustavo y de los maestros y director de la escuela en donde estudiaba Elisa, quienes denunciaron el abuso al que ella era sometida por parte de su madre, una juez le otorgó la custodia completa a Awilda, citando que estaba siguiendo los protocolos seguidos.

Inmediatamente después de haber ganado la custodia de su hija, Awilda cambió a su hija de una escuela privada (de la cual tenía los gastos cubiertos hasta el último año antes de universidad) a una escuela pública y siguió el maltrato físico y psicológico, del cual sus medio hermanos fueron testigos.



El abuso fue tan intenso que los vecinos de Awilda y el personal de la escuela pública reportaron los abusos que sufría Elisa, sin embargo las denuncias no procedieron debido a que,las autoridades dedicadas al bienestar infantil declararon que no había evidencias de abuso o negligencia.

El 23 de noviembre de 1995, Awilda llamó a una vecina a ver Elisa, debido a que desde el día anterior yacía inconsciente en su cama y un líquido goteaba desde su boca y nariz. Al ver el estado de la pequeña, la vecina insistió que llamaran a la policía, a lo que se negó la madre la menor y una vez que la vecina logró salir del departamento, llamó a la policía.

Elisa fue declarada muerta en la escena y se determinó que murió gracias a una hemorragia cerebral provocada porque Awilda la estrelló en contra de una pared de concreto. La madre de la difunta fue arrestada y confesó haberla golpeado aunque negó que ella fue responsable de su muerte, alegando que otra persona la asesinó.



Una vez que los medios de comunicación difundieron los detalles de la historia y sobre los numerosos intentos de alejar a Elisa de su madre, hubo indignación a nivel nacional hacia la incapacidad y negligencia de las autoridades de Nueva York.



Fue tanto el enojo y frustración por la muerte de la menor de seis años que inmediatamente se corrigieron y mejoraron protocolos para evitar, detectar y sancionar mejor los casos de abuso infantil, a estas modificaciones se les conoce como La Ley de Elisa en honor a la pequeña cuya muerte pudo haber sido evitada si las autoridades hubiesen sido más competentes.

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