William Mumler, fotógrafo de fantasmas

¿Cuántas historias de personas que captan en sus fotografías presencias fantasmales hemos oído por ahí? ¿Muchas, pocas? ¿Son creíbles o simplemente son muy buenos con el Photoshop?

Pues William Mumler fue un fotógrafo que vivió de 1882 a 1884 y, claro, uno pensaría que entonces era más difícil hacer trucos con las cámaras, así que cuando se comenzó a decir que él era capaz de captar espíritus en las fotografías que tomaba, la cosa se puso interesante. Y era un negocio muy lucrativo además (“fotógrafo de espíritus”), todo a raíz de la Guerra Civil en Estados Unidos y la cantidad de gente que quería ponerse en contacto son sus seres queridos que habían muerto.

La imagen más conocido que Mumler tomó es la de Mary Todd Lincoln en la que, a su lado, aparece el espíritu de Abraham Lincoln, fechada alrededor de 1869 o 1870.



Pero fraudes hay muchos e incluso antes de la existencia del Photoshop y otras herramientas tecnológicas capaces de editar y manipular imágenes, había formas de hacer alguno que otro truco de imagen. Las cámaras que entonces se usaban reflejaban la luz en el papel. Durante la revelación, con los químicos y la exposición a la luz, además de la posible superposición de imágenes, era posible crear varios engaños visuales.



Eventualmente Mumler fue acusado de fraude (a pesar de que con anterioridad varios fotógrafos habían analizado ya su trabajo y dicho que no encontraban manipulación en sus imágenes) y entre quienes testificaron en su contra estaba el artista de circo P. T. Barnum, un conocido empresario que se encargaba de realizar grandes engaños como forma de entretenimiento en sus shows, quien había descubierto que los espíritus que aparecían en las fotografías de Mumler no eran fantasmas, sino personas vivas que simplemente habían sido fotografiadas con anterioridad.+





Después de esto la carrera del fotógrafo fue en picada (a pesar de no encontrársele culpable) y su trabajo en la actualidad es considerado un gran fraude, falso de lo más falso y absolutamente manipulado.
¿Cuántos más como él existen a nuestro alrededor hoy en día?
Ni te imaginas.

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