La ciencia hace más feliz a la gente que la religión

Ateos vs Religiosos, o cómo simplemente creer en la ciencia y tecnología te hace ser más feliz.
La épica batalla fundamentalista, acerca de creer o no en la religión y sus doctrinas, vivir como un creyente religioso o seguidor de la ciencia; nadie sabe cómo va a terminar y parece que la humanidad encontró la forma de poner pausa al incansable debate, quizá porque la tolerancia se ganó a los devotos científicos y religiosos.

Cada persona es libre de creer en lo que considere el camino correcto, pero si hay algo con lo que siempre se ha relacionado a la religión es que creer en ella provoca en el individuo cierta felicidad. Sin embargo, una investigación determinó que en realidad creer en la ciencia hace más feliz a la gente, más de lo que crees.



Las razones al parecer son bastante obvias, aunque para confirmarlas fue necesario estudiar a 1,500 holandeses que creían en el avance de la ciencia y la tecnología y cómo se sentían con respecto a ello, un nivel de satisfacción de vida comparado con la creencia en el progreso de la ciencia y la tecnología a través de 72 países.

Tanto en Holanda como en el resto de países comparados, los investigadores encontraron una asociación entre la creencia en el avance científico y tecnológico con un mayor sentido de control personal que contribuye a que la persona se sienta más satisfecho, comparadas con las personas que creen en una religión.

Para llegar a tal conclusión, la encuesta hecha a los holandeses preguntaba sobre sus valores, religiosidad, personalidad, rasgos, creencia en el progreso, sentido de control personal y satisfacción de vida, además de preguntar cuán de acuerdo estaban con los beneficios de los avances científicos y con la libertad condicionada impuesta por diversas religiones.



En general, la investigación determinó que los creyentes de la ciencia son tres veces más felices que los religiosos, aparentemente porque se sugiere que el progreso científico y tecnológico nos beneficia de alguna manera, mientras se expone a la religión como un método de control masivo más que mencionar sus beneficios.

La última palabra la tiene el devoto, ateo o no ateo, cualquiera que se haga llamar agnóstico y el que mejor ignora este interminable debate para no tocar fondo. Cualquier punto de vista se respeta, pero es de justos cuestionar las ventajas y desventajas del fundamentalismo y del fanatismo en el progreso científico.

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